El coloquio de la aves

Relatos Sonoros de la Montaña. Episodio 12

“Cuando estemos dispuestas a despertar nuestros sentidos, nos espera la Madre Naturaleza para enseñarnos algunas de las lecciones más tiernas, como la manera de escuchar a la Vida”.

Sarah Ban Breathnach

Después del evento tan triste de la isla de Providencia, que fue el episodio nueve y que, si no has escuchado, te lo dejo por AQUÍ, me sentí más unida a mi familia -y viceversa-, por lo cual me invitaron a pasar la Navidad en Casa Nueva, la finca de mi hermano mayor en El Carare, Magdalena Medio, a unos kilómetros de Cimitarra (Santander).

Así que, como para pasear a mí solo me lo tienen que proponer y ya tengo la maleta lista, nos fuimos mi mamá y yo a esas bellas tierras bajas, como me gusta llamarlas. Fue un viaje hermoso, desde el inicio, porque la carretera es entre montañas, cruzando la cordillera central, luego se baja al valle del Magdalena Medio con el río Magdalena custodiando el camino, hasta llegar a esas vastas planicies de El Carare, enmarcadas por la cordillera oriental y la Serranía de los Yariguíes.

Estuve ocho días descansando, leyendo, escribiendo y más que nada conectada con la exuberancia de su biodiversidad que alborotó todo mi ser, como esa primera ráfaga de viento marino que sientes al bajarte del avión en una ciudad costera. Como lo digo en el podcast, ya había estado aquí en otras ocasiones, pero también en otras circunstancias; es ahora cuando me siento más conectada y sensible con la Vida silvestre, sobre todo la alada, la cual intenté capturar en algunas fotos que les voy a compartir, y con mi grabadora de audio, principal insumo del podcast.

Como ya lo he dicho en otras ocasiones, no soy pajarera (qué más quisiera), por lo que no tengo los nombres de todas las aves, pero si sabes el de alguna, no dudes en dejármelo como un comentario.

Aquí está la galería de los conocidos: Una pareja de carpinteros que estaba haciendo un nido y me tenían fascinada siguiéndoles la pista, las loras (quedó a contraluz, que perdonen) y una tingua, según me dijo Dani porque yo no tenía idea, pero él es amante de esta especie.

Esta sección es bella. Están las tres rapaces, dos aves negras que creo son “hervidores”, que los llaman en los Llanos, pero no estoy segura, los bellos “periquitos” que comen del pasto y están en todos lados. Luego está el hermoso turpial, con el pico encorvado, diferente al de tierras altas y la tijereta que tiene un vuelo espectacular.

Mi sección favorita trae estos dos carpinteros reales que me tuvieron toda una tarde loca persiguiéndolos, tomándoles fotos y grabándoles este hermoso juego (o cortejo, no lo sé), pero que fueron la sensación en toda la casa, ya que nunca los habían visto antes. ¿Qué tal la suerte?
Nota: Perdón por la mano de maraquera…

Estas son mis desconocidas. La primera cantaba muy duro y pues la foto me quedó algo borrosa, pero era enorme. La otra creo que es un bichofue aunque un poco más cafecito, la siguiente es una cosita muy hermosa, toda popocha y tenía su nido en el árbol al lado de la casa que le dicen “malvecino” (al árbol, no al pájaro, jeje). Sigue un pequeño colibrí…. estaba muy lejos y me costó encontrarlo y enfocarlo y por último también creo que es un bichofué.

El ganado es protagonista muy importante de esta finca -y de estas tierras- porque, como lo digo en el podcast, ha reemplazado miles de hectáreas de bosque, al ser una de las fuentes principales de negocio de la región; una situación muy triste y desafortunada, no solo para los ecosistemas que conviven allí y se ven afectados con la tala de bosques, sino también por lo que significa para mí el negocio de la ganadería (soy vegetariana). No voy a ahondar en esto porque me cuestionó terriblemente, al tener que enfrentar mis principios e ideales con el modo de vida de personas que quiero con el alma, y aunque no estoy de acuerdo, si algo he aprendido en mis años de “ambientalista” es a no ser tan dura a la hora de juzgar, porque en esa área todos tenemos alguna responsabilidad por hacer parte de un sistema que no nos da más opciones (o bueno, sí las hay pero ya dije: no voy a discutir sobre eso, tal vez otro día, tal vez más adelante).

Quedémonos hoy con estas imágenes y con el coloquio de las aves que me regalaron sus cantos, su paz y su amor en mi viaje.

Esta es la casa, y a la derecha, debajo del segundo piso está la sala de las hamacas, mi lugar favortio. Y el primer cuarto fue donde dormí. Las sillas de montar son colección de mi hermano que toda la vida ha amado los caballos y, obviamente, hicimos cabalgata, pero ese será tema para otro relato 🙂

Gracias por escucharme y por leerme. Recuerden que esta publicación -como el podcast- son producciones que disfruto mucho hacer, y que espero le lleguen a muchas personas. Cada vez que compartes o hablas del podcast me estás ayudando a que seamos una comunidad más grande de “Caminantes Sonoros”.

¡Nos vemos pronto en la montaña!

La portada, como siempre, de mi amado Atómico, recogió algunas de las aves de las que hablé en el episodio. A ver si las identificas 🙂

4 Comments

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  1. La vida silvestre y montañera necesita de una mira aguda con todos los sentidos atentos, cuando esa mirada logra conectarse y el ejercicio se afina, llega un momento en que uno ruega silencio para no morir de amor.

    Qué linda la Caracola con su pasito tun tun.

  2. Me encantó el audio , leerte y esas fotos tan bellas.

    Felicidades Carito es hermoso todo lo que haces con tanto amor .

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