Etapa catorce. La prueba

El Camino no va a Santiago. El Camino va al interior de uno mismo, que es más difícil -pero más bello- que llegar a Santiago… 

Pendueles – Poo de Llanes: 18 kilómetros.

Son las 4:45pm, estoy sentada al lado de una ventana del hostal en el segundo piso con vista hacia unas montañas bellísimas, testigos de mi locura y sufrimiento de esta mañana, que terminaron -afortunadamente- con la llegada a este oasis donde pienso quedarme a descansar, leer, escribir y sobre todo, a escuchar mi cuerpo.

384 kilómetros acumulados.

Esta mañana comenzó con desayuno de Javier, el hospitalero. Qué rico: cafesito de verdad, tostadas, mantequilla y mermelada. El camino se hizo por la costa con el amanecer a mis espaldas… apoteósico. ¡Ya no sé cómo soporto tantos amaneceres bellos! Cielo azul y naranja, mar y montañas azules y rosas… como una postal, como un cuadro de Degas.


Fueron como nueve kilómetros por un sendero con mar y montañas. Llegué a Andrín, descansé -el dolor de la tibial de la pierna derecha volvió- y tomé otro sendero por acantilado y luego montaña hasta Llanés.

Llegué a un alto y la vista era poderosísima. De frente el pueblito Llanés, a la izquierda las montañas y a la derecha el inmenso mar Cantábrico… es como un pequeño valle muy verde, muy bello.

Llegué a Llanes con mucho dolor… paré, me comí algo y descansé. Me compré la crema que me recomendó Javier ayer. No pude. No puedo seguir… hoy me levanté pensando solo en caminar, no en llegar “a”, y así fue. Solo pude caminar hasta aquí. 

Me senté en el descanso de una ventanita y me puse a llorar… no puedo explicarlo, eran lágrimas de dolor físico, pero también de dolor emocional: de mi sordera, de la necedad por seguir; me sentí mal conmigo misma de no poder -o no querer- escuchar mi cuerpo. Me dio rabia ser testaruda y confundir las señales y lesionarme otra vez, cuando por fin estaba desapareciendo el dolor de la otra pierna. Pero claro, estuve recargando ésta y ya no pudo más. 

Intenté que las lágrimas lavaran mi cuerpo, y sobre todo el dolor, pero fue en vano. Porque esta tristeza sigue siendo un sentimiento de terquedad por no poder continuar. No estoy escuchando. Necesito silenciarme del todo para poder escuchar-me, encontrar-me, amar-me… 

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2 Comments

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  1. Diego Echeverri Garrido 27 septiembre, 2017 — 5:20 PM

    Carolina, querida hermana, he leído tus 14 crónicas y he disfrutado de tu exquisita narración y las bellas fotografías del CAMINO que hasta ahora has recorrido.

    Ya que tus pies son tu “vehículo”, dales un merecido descanso. Cuando estén completamente recuperados, PROSIGUE al blanco.

    ¡Te amo y te bendigo!

    Diego

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