Etapa trece

“And they say everything it happens for a reason / You can be flawed enough but perfect for a person / Someone who will be there when you start to fall apart…” You+Me

La Revilla – Pundueles: 28 kilómetros

366 kilómetros acumulados. 

Asturias. Nunca antes me había sentido tan caracola como ahora… cargo mi casita toda conmigo, a cada hora, todos los días. Es increíble cómo el ser humano puede acostumbrarse a todo; para mí, en este momento, solo existimos el Camino, mi mochila y yo. No manejo un carro, no tengo horario, no controlo nada, no me debo sino al Camino, a sorprenderme con todo lo que me regala cada día. Sólo me despierto para caminar y pensar y sentirme inmensamente agradecida por estar aquí.

Entonces nuevamente hoy los Picos de Europa me los encuentro frente a mí, de mañana. 

Con esa luz entre rosada y naranja que se percibe aquí al amanecer, y yo los veo y es que no me lo puedo creer, no entiendo de qué película salieron unas montañas así… porque son como una nueva especie de montaña para mí… los miro y los miro y no los puedo comparar con nada que haya visto antes. Son hermosos pero extraños. Se ven altos pero a la vez me parecen bajos… no son nuestras cordilleras pero son muy, muy imponentes, con sus picos… cómo explicarlo. Estoy hipnotizada, siento que me hablan, que están ahí para mí, que me tienen un mensaje…

Despues de 14 kms de asfalto el camino se metió por un lado delas vías del tren; un caminito de tierra, precioso, entre árboles y arbustos, helechos, moritas por doquier y el canto de los pájaros. Cómo quisiera que todo el camino fuera así, pero bueno, el Camino es el Camino, jeje, y todo me ha regalado algo. Como venga yo lo recibo y lo disfruto.

Merendé junto a la vía del tren: tortitas de maíz con aguacate. (Si Dani, que en Colombia se merienda en la mañana y en la tarde, jajaja). El lugar era lindo, había sombra fresca de bosquecito. Me gustó la luz del lugar.
Pero… comenzaron a dolerme nuevamente los tibiales, mal, mal, mal. Llegué a Unquera y tuve que comprar Ibuprofeno (hasta ahora no había tomado medicamentos), pero con ese dolor no iba a llegar a mi final de etapa.

Pasé Colombres, un pueblito en lo alto de la montaña, precioso, me encantó la vista desde allí, las casitas medievales y la vegetación. Además, ya estoy en Asturias; esta es la tercera comunidad (departamento para nosotros) que paso: van País Vasco, Cantabria y ahora Asturias. 

Comencé una subida con pequeñas colinas verdes alrededor. Había mucho sol pero el viento soplabla, el paisaje era muy lindo y la verdad hoy me sentía muy contenta; así es esto: días que subes y otros que bajas. Pero el dolor de los tibiales me traía muerta, además de ir muy despacio.

En La Franca, faltándome seis kilómetros, paré; no podía caminar más del dolor. Así que me metí en un bar a almorzar y descansar las piernas. Es la primera vez que paro a comer sin terminar una etapa… es extraño pero lo recibo así porque todo el tiempo estoy aprendiendo algo, tal vez de esto también.
Arranqué nuevamente a caminar a las dos de la tarde, meditando sobre el dolor reincidente de las tibiales… ¿Qué me está queriendo decir mi cuerpo? ¿Que pare? ¿Que vaya más despacio? Algo no estoy viendo y me lo voy a perder si sigo así, si siento que tengo prisa, porque no la tengo, entonces… ¿cuál es la prisa? De llegar… ¿a dónde? Si soy caracola aquí estoy, sin importar dónde vaya. Soy y estoy. O son los tenis…

Llegué a Pendueles. Javier, el hospitalero, un ser hermoso. Me regaló hielo y me dijo que a él también le había pasado lo mismo en el Camino Francés. Y que no había podido parar. ¡Ayayay! ¡Somos todos unas cabras locas! Me recomendó una crema que me compraré mañana. Por lo pronto: hielo, patas arriba toda la tarde -leyendo y escribiendo-, Ibuprofeno y a caminar menos.

De todas formas fue un gran día. El dolor no me venció -como la otra vez- y solo me siento feliz de estar aquí en mi camita baja, con diez alemanes, dos franceses y un español.

Mañana será un nuevo día para la caracola montañera 🙂


Datos interesantes

– El albergue es de donativo pero incluye cena comunitaria y desayuno. ¡Y lavada se ropa! Lo máximo. Javier nos hizo de primero, ensalada de pasta y de segundo lentejas. Bebimos vino y de postre yogurt. Todo deliciosísimo.

– Al almuerzo comí la típica fabada Asturiana. ¡Qué delicia! Es como una sopa con unos fríjoles blancos muy grandes, estaba deliciosísima.

– Me sorprende mucho la limpieza de los peregrinos, no en el olor, jeje, porque todos, a pesar de bañarnos a diario, algo nos huele mal: zapatos, suéter, toalla, algo. Sino en los baños: ya sea solo de mujeres o compartidos, la gente es muy conciente del “otro”, de dejarlos limpios para quien lo use después. Cuánta cultura nos hace falta…

– Asturias también es la tierra de la sidra, una bebida de manzana. Pronto la probaré en una “trivia” que me pusieron… ya les contaré más adelante 😉

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2 Comments

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  1. Querida Caro,

    1. Creo que tu dolor de tibiales es el mismo que me ha dado a mí. El dolor que me obligó a dejar la última carrera que hicimos juntas.
    2. Pilas con el ibuprofeno. Recuerda que el ejercicio físico y el ibuprofeno no son buena combinación. Es muy salvaje para la panza y el riñón. Googleate el asunto.
    3. La sidra es una de mis bebidas favoritas. Por favor pon qué te parece.

    Saludos bogotanos!

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