El lugar más seguro

El otro día iba en un bus de Bogotá para mi casa, y en las sillas de atrás iban dos chicas. Una de ellas le contaba a la otra sus vicisitudes en el amor; parece que había estado “luchando” por alguien -supongo que su actual pareja- y ahora se quejaba porque él, aunque estaba con ella, no era lo suficientemente amoroso, no se le “notaba”.

La amiga en un momento le preguntó: ¿Pero eso no era lo que querías? ¿Estar con él?
La chica contestó: Sí… pero siento que él está conmigo porque quiere un lugar seguro.

Un lugar seguro…

Qué frase tan hermosa y poderosa. No pude seguir oyendo la conversación porque mi mente se fue inmediatamente a revolcar mi vida, mis historias, mis ‘lugares seguros’. Mis pensamientos y definiciones se mezclaron tratando de definir ese ‘lugar seguro’ porque, como dice Dani, mi manera de interpretar o significar las palabras a veces es muy literal, y otras muy simbólico, lo cual me desordena el cerebro sin poder hacer nada al respecto, más allá de comenzar a preguntarme verdades, entender las interpretaciones y decantar mi propia definición.

¿Qué es un lugar seguro?, ¿Dónde queda?, ¿Cómo se llega allí?, ¿Quién no quiere estar en un lugar seguro?, ¿No es lo que buscamos todos al final?, ¿Es real o imaginario este lugar?, ¿Quién se lo inventó?, ¿Lo necesitamos?.

Un lugar seguro -para mí- vendría a ser ese espacio -no necesariamente físico- donde puedo sentirme a salvo de lo que me rodea y a veces me incomoda: el trajín del día a día, las prisas por llegar al trabajo a tiempo, por cumplir con las responsabilidades de éste, las discusiones laborales, sociales o familiares, las preocupaciones económicas, las rabias que me dan por el tráfico insoportable, el desgaste de los malos entendidos con los seres humanos. Un lugar seguro es ese espacio al que sabes que puedes llegar en cualquier momento, desnudarte de todo eso, acurrucarte, respirar profundamente y sentirte tranquilo.

¿Dónde queda este lugar?, ¿Cuál es el primer pensamiento que me llega cuando imagino un espacio así?. Buscando la respuesta, me di cuenta que no es solo uno, sino varios.

Mi cama, meterme debajo de las cobijas es uno de ellos. Ya sea para dormir, leer,  escribir, escuchar música, mirar pal techo, llorar o tener sexo; mi cama es un altar de privacidad, donde disfruto de los mayores placeres que me dan el cuerpo y la mente. Como dice Sabines: “En la cama ocurre lo mejor de la vida; el nacimiento, el amor, la escritura y la muerte”.

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Estar al lado de mi hijo es otro lugar seguro. El más tierno y amoroso de mis lugares. Arruncharnos a ver alguna serie de Netflix en casa es el momento más especial para tenerlo completamente cerca de mí. Nos abrazamos, nos acariciamos las manos, nos disfrutamos. Él tal vez aún no sepa lo seguro que es estar allí y deleitarse así del amor, pero ya lo aprenderá, y también lo gozará.

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El abrazo y la compañía de mi amigo y amante (todo en uno) es mi otro lugar seguro. Y tampoco es físico, lo siento en el mismo momento en que estoy llegando a su casa y me vuelan esas mariposas en el estómago. Entonces estamos juntos y el tiempo simplemente para y nos quedamos en otra dimensión, los dos, haciendo cualquier cosa. Contándonos el día, refunfuñando de todo, riéndonos del resto, mimándonos o disfrutando de la compañía de los amigos, en la montaña, las carreras, las travesías en bici. Todos los momentos que compartimos tienen la fortuna de hacerme sentir segura, porque estoy ahí, en el presente, en su corazón.

Tolima B:N

La montaña es mi último lugar seguro favorito. Cuando estoy en ella siento una energía poderosa, que me tranquiliza y me convierte en parte suya. Estar en la montaña es vivir su propia vida, palpitar a su ritmo, desvanecerse o mimetizarse con el paisaje. La montaña nos permite conectarnos de una manera poderosa con la naturaleza, volvemos al origen, recargamos energía, somos otros o mejor, somos nosotros mismos.

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Entonces concluyo, está bien querer, buscar y tener un lugar seguro. Está bien pedirle al amor que nos de ese lugar, por qué no, si el amor nos hace sentir amados y a salvo, entonces puede ser esa madriguera de emociones positivas que saca lo mejor de nosotros. No todo en la vida es recibir y menos bajo nuestras propias expectativas. Ser el lugar seguro de alguien debe ser maravilloso y es para estar orgullosa de ello.

Pero no debe ser un solo lugar, sino varios, porque la vida nos trae, nos da y nos quita, y como dicen por ahí: todos los huevos no pueden estar en una misma canasta. Hay que encontrar varias ‘guaridas’ que nos permitan guarnecernos, recargarnos, donde podamos estar en silencio para escucharnos.

Busca tus lugares seguros.

Ilustración de la portada del gran Jimmy Liao.

 

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