¿Qué pasó en 2022?

No sé si me estoy metiendo en «camisa de once varas» con esta pregunta, pero me parece que me ayudará a recordar lo que fue este año que, pensándolo hoy, parece que solo hubiera sido el ultimo mes de tanto ajetreo que tuve, pero estoy segura de que tengo mucho para recordar y, sobre todo, para agradecer. Y bueno, aprovecho el día de mi cumpleaños para recordarlo tranquilamente y hacer este pequeño resumen -para ti y para mí- y por todos los meses que no he pasado por aquí.

Para lograr este listado, revisé mis diarios esta semana y también la galería de imágenes de mi celular. Comencemos mes a mes a ver qué va saliendo…

Así fue 2022

En enero recuerdo que hizo mucho sol, llevé a mi mamá y a Leti al Jardín Botánico, monté mucha bici con Dani e hicimos varias caminatas conociendo y aprendiendo cada vez de las aves, y entró La Pajarera al taller de camperización.

En febrero fuimos a Fómeque, donde los niños del Mortiñal (episodio de RSM), y mucho de mi tiempo se lo dediqué a los avances de La Pajarera, revisando diseños, medidas, materiales, etc.

En marzo fuimos a nuestro primero encuentro camperviajero en La Pajarera (a la mitad de la camperización), en Viterbo (Caldas) y bueno, fue nuestra entrada oficial al mundo camper. Conocí muchos de los proyectos que hoy ya son de nuestro «parche camperviajero».

En abril hicimos dos salidas hermosas: la primera donde Jorge Pinzón a la Quinta Dimensión, en Bojayá, Cundinamarca (episodio de RSM), y la segunda fue la travesía más añorada por mí: Chingaza – San Juanito caminando cinco días por entre las montañas. ¡Cómo la disfruté! De esa caminata también hay un episodio de RSM.

En mayo seguía la camperización de La Pajarera, había que ir muchas veces al taller, ya que cada vez estaba más cerca de estar lista, y también nos volamos a la reserva Los Tunos (San Antonio de Tequendama), regalo sorpresa de Dani, y fuimos tan pero tan felices… veo las fotos y me da envidia de vernos tan felices y enamorados…

Junio fue un mes de movimientos, viajes y aventuras. Me mudé al apartamento de mi mamá, nos entregaron ¡Por fin! a La Pajarera, hicimos un pequeño encuentro de amigos para presentarla «en sociedad» cerca al embalse del Sisga y arrancó nuestro primer gran viaje hacia la Guajira (a una carrera de trail de Dani), pasando por La Dorada, Riohacha, Cabo de la Vela, Camarones, Tairona, Minca, Santa Marta y Mompox hasta entrado el mes de julio.

En julio hicimos pequeñas salidas en La Pajarera, una de ellas a Choachí y Fómeque, donde aprovechamos para montar bici también con nuestro amigo Lucho y a buscar pajaritos y fotografiarlos.

Agosto fue un mes donde pasó de todo. Primero vino mi hermano y estaba tan feliz! pero no lo vi todo lo que quise porque, primero, se nos varó La Pajarera (con grúa y todo), nos salió la primera travesía de EstoyVivo a Cali (como por cinco días), luego fue el encuentro camperllanero al que yo le había metido toda la ficha en la organización y que además luego alargamos hasta Puerto Gaitán, así que solo nos quedaron como cinco días para ir a Armenia, con La Pajarera ya buena, y estar con mi hermano y familia y además en el encuentro de hermanos. Fue una reunión muy hermosa.

En septiembre arrancamos desde el Quindío -en La Pajarera- para Antioquia, donde paseamos por Jardín y Jericó, montamos bici y gozamos un montón, y luego nos fuimos para Medellín y San Rafael con las travesías de EstoyVivo.

En octubre estuvimos en el Valle, en Dapa, haciendo dos talleres de EstoyVivo y uno en Mesetas (Meta). Y pues todos esos viajes son logísticas y movimientos todo el tiempo.

En noviembre hicimos cuatro salidas más de EstoyVivo al Valle de Tenza, y fue el accidente en la bicicleta, lo que me dejó muy adolorida en muchos sentidos, porque aún pienso en la razón por la que nos caímos… en fin… cosas mías.

Cerramos diciembre con un último taller de EstoyVivo en Tairona (Magdalena), después yo me fui sola a celebrar el día de velitas a los Farallones de Sutatausa -y en La Pajarera- ¡mi primer viaje sola!. Hice como un retiro de mí para mí, de donde salió una caminata muy bella y una carta de amor para Dani que les comparto por aquí 👇🏼.

Y bueno, durante tooooodo el año escribí, grabé y edité los podcast de MundoCamper (cuatro al mes) y los de Relatos Sonoros de la Montaña que fueron como uno al mes… más enviarle correos a mis Caminantes Sonoros y otras mil actividades pequeñitas que no cuento aquí porque ya ni me acuerdo.

Así cierra el 2022. ¡Aunque falta un viaje! Porque el 28 de diciembre nos iremos Dani y yo con nuestros hijos a hacer el trekking de Ciudad Perdida. Será nuestro regalo de fin de una etapa de la vida (el colegio) y pues qué mejor que en ese lugar sagrado y ancestral tan maravilloso.

Pero… ¿qué más pasó?

Sí, viajé mucho, viajé tanto que dejé de escribir… y eso me hace sentir frustada y enojada conmigo misma, pero quejarme ahora no sirve de nada.

Muchas veces me preguntaba por qué no escribía -o leía más-… y no fue falta de voluntad. O sí, pero creo que por cansancio… cansancio físico y sobre todo digital. Físico cuando estamos viajando o en los talleres que caigo rendida, y digital cuando me paso tantas horas frente al computador diseñando piezas para la cuenta de MundoCamper, escribiendo el guión o editando el podcast de MC, haciendo cotizaciones o facturas, diseñando la bitácora de las travesías de EstoyVivo… ufff… son muchas horas en la pantalla, y luego como que no quisiera volver a ver el computador y me dejo ganar por ese cansancio y sí, por la pereza.

Aunque en retrospectiva fue un año maravilloso, productivo y económicamente estable, siendo sincera conmigo misma -y no para darme duro sino para revisarlo-, siento que me faltó tener tiempo para mí, para escribir más, para hacer algo que yo quisiera…

Y estos días de «retiro» y de estar más conmigo, calmada, hablando con mis amigas, me doy cuenta de ello y me alegra darme cuenta, no para recriminarme o sentirme mal, sino todo lo contrario. Todo lo que pasa es perfecto y es así por alguna razón. Ahora lo sé, y es precisamente esa: no abandonarme, no puedo olvidarme otra vez de mi esencia, de lo que quiero, de mis sueños.

Este nuevo año me trae ese reto: compaginar mejor mis sueños y planes con los de pareja. Todo con amor se puede, y sé que Dani y yo podemos llegar muy lejos, así no sea estando juntos todo el tiempo. Siento mucha emoción por el año que viene porque nos probaremos a nosotros mismos en esta nueva etapa de la vida que todo el tiempo nos está enseñando, ¡Es impresionante! y fascinante a la vez tener una vida que se mueva a la par con lo que una quiere o necesita.

Así que… ¡Que llegue el 2023 con lo que tenga para darme! ¡Estoy más que lista!

Gracias siempre por leerme y tenerme paciencia.

Publicado por carocaracolina

Carocaracolina es una caracola que escritora, viajera y podcastera. Y todo esto pasa en Lapensadera.

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