¡A vivir el sueño!

Hace mucho no hacía una entrada por aquí… y ha pasado tanto tiempo y tan poca escritura que hasta me da un poco de vergüenza retomar, pero me la quito para poder contar o describir o relatar un poco lo que fue este primer gran viaje en La Pajarera.

Para quienes no lo saben o no me siguen por redes sociales, durante la pandemia, tuve un sueño, o un deseo, algo así: tener una casa rodante. Era una idea que tuve cuando hice el Camino de Santiago, pero que había abandonado al volver porque ni siquiera sabía cómo se podía convertir en realidad.

Este fue mi sueño. Y lo logré 🙂

Al retomarlo, y como ya estaba sumergida en el mundo de los podcast, decidí buscar alguno que hablara al respecto y me encontré uno donde poco a poco fui entendiendo de qué se trataba eso de la famosa VanLife. Comprar un vehículo acorde a las necesidades, camperizarlos, viajar, trabajar en él… ¿Todo eso era posible? Pues bien, muchas personas en otros países del mundo ya lo habían hecho (aún no sabía que en Colombia también), así que me puse manos a la obra a buscar un vehículo.

Después de mucho buscar y entender el tipo de vehículo que necesitábamos, Dani y yo, porque éste es un sueño compartido con mi amado compañero, encontramos una van de carga en Silvania (Cundinamarca). El señor la trajo, negociamos y la compramos. Fuimos por ella hasta Silvania y ese sería nuestro primer viaje. ¡Qué emoción! Recuerdo la sensación cuando nos sentamos en las sillas todas sucias y rotas, porque he de decir que el aspecto de la van dejaba mucho qué desear, pero eso no era importante en ese momento, sino el motor y ese estaba bueno.

Así era la van por dentro cuando la compramos. Y era negra.

Así que, después de algunos percances con un latonero de La Calera, donde perdimos dos meses de tiempo -y una platica-, conseguimos un latonero y un gran mecánico de estos vehículos en Bogotá y comenzó el «cambio extremo», ya lo verán en las fotos…

Durante ese tiempo y al ver que no conseguía información en Colombia de nada, solo algunos videos esporádicos de un par de viajeros, me dije: ¿Y por qué no hacer un podcast sobre el Mundo Camper? Se lo conté a Dani y le encantó y lo hablé con el profe Mauro, el productor de Gente Que, y también me apoyó. Así que me puse manos a la obra a escribir el guión de lo que sería MundoCamper, el podcast para viajeros y soñadores que quieran vivir, viajar y trabajar en una casa rodante.

En octubre de 2021 arrancó el podcast con mucha ilusión, así como las redes sociales de @mundocampercolombia y poco a poco fuimos conociendo un nicho de personas soñadoras, viajeras y muy compañeristas relacionadas con el Mundo Camper. Comenzamos hablando de todo lo necesario para adecuar un vehículo como casa rodante y entrevistando viajeros colombianos y extranjeros para así mover el podcast no solo en Colombia sino en cualquier país de habla hispana.

Nuestro primer intento de podcast en la van :0

Entonces eran dos proyectos a la vez: camperizar la van y hacer el podcast de MundoCamper, más el de Relatos Sonoros de la Montaña, que es mi consentido.

En diciembre de 2021 terminó el trabajo de latonería y bautizamos a la van: La Pajarera… por aquello de nuestro amor infinito por las aves, por Colombia, por la aventura, por la Madre Tierra.

Así quedó nuestra bella Pajarera

En enero de 2022 entró La Pajarera al taller de camperización. No lo hicimos nosotros por varias razones, entre ellas porque no sabíamos nada al respecto y, si queríamos que fuera nuestro hogar, pensamos que debía quedar hecho por manos expertas, como cuando compras o remodelas una casa. Así que nos fuimos a Mag Motorhome, una empresa de Bogotá con la que arrancamos a convertir -aún más en realidad- este sueño.

El día que la dejamos en el taller de camperización

Cinco meses después estábamos recibiendo a La Pajarera ya convertida en casita. Cinco meses que nos parecieron -o me parecieron a mí sobre todo, jeje, por lo intensa- como cinco años, pero valió la pena. Nuestra van, una Sprinter que una vez fue un carro de comidas, hoy contiene una cama semidoble, cocina completa (estufa y nevera), sofá, comedor, baño seco y ducha externa. Y un armario. ¿Para qué más? De alguna manera el «tenernos» que convertir en minimalistas es una sensación extraña de reto y angustia, pero sobre todo un gran aprendizaje sobre lo necesario que puede ser soltar… en todos los sentidos.

¡Así quedó!

Y para comenzar a soltar -y bajar mis gastos- me fui a vivir al apartamento que le tengo a mi mamá. Es más pequeñito que donde vivía antes, pero fue una gran forma de comenzar a reducirme en cosas. Tuve que empacar, revisar, desechar, regalar y vender. Salí de ropa, accesorios, zapatos, mochilas (mis favoritas) y objetos de mi casa.

¿Qué cómo me sentí? Liberada… la verdad yo amo esas oportunidades porque, aunque cuesta dejar ir algunas cosas, es un alivio no tener que «cargar» tanto. Liberarse es un acto de rebeldía que me encanta, que me quita peso de la espalda y me deja volver a abrir las alas. Dejar el apartamento, como cuando dejé la casa donde nació mi hijo, fue solo un ciclo, así que no me costó para nada, ni lo extraño. Y me encanta.

En la nueva casa, con jardín dentro 😉

Ahora vivo entre el apartamento de mi mamá y La Pajarera, los dos hogares que por ahora me cobijan. En el primero, tengo la oportunidad de compartir con mi mamá y mi hijo, hacemos vida de familia, no duermo bien, jeje, porque hay mucho ruido en el vecindario, pero me baño con agua caliente, comparto con mis seres queridos, salgo a caminar o correr y paseo por el pueblito. En el segundo, comienzo a tejer un nido, un pequeño nido de amor con Dani, donde nos movemos cómodos, donde somos felices porque el carro nos lleva a donde queramos y la casa nos permite dormir donde paremos. Es la sensación de libertad (y amor) más grande que haya sentido.

Nuestro primer día de la travesía

Aún nos falta mucho por aprender, por conocer y por entender, del carro, del viaje y de nosotros mismos; organizar horarios para que podamos salir, sí, y pasear, pero también se necesitan los momentos de trabajar, cocinar, limpiar y todo eso poco a poco lo vamos descubriendo y adaptando a nuestras necesidades.

Cuando estamos juntos, Dani y yo, en La Pajarera, es como si el tiempo pasara de manera diferente, en un pequeño mundo solo nuestro donde podemos soñar, gozar, contemplar y, sobre todo, dejar que cada día nos sorprenda. Así nos ha pasado y así espero que siga siendo. Como que juntos logramos un equilibrio bellísimo para disfrutar el viaje y a la vez estar en un lugar acogedor, nuestra casita que amamos desde ya y que pronto será la única. Pronto.

Ojala puedan seguir la cuenta de MundoCamper, que es donde más compartimos fotos y videos de nuestras aventuras. Sino, igual espero seguir escribiéndoles y contándoles cositas por aquí, y compartirle fotos de cómo quedó por dentro.

Gracias por leerme después de tanto tiempo.

Nota: Las aves que tiene La Pajarera son ilustraciones de Dani que, como saben, es el artista de la casa. Las amamos y todo el mundo tiene que ver con ellas. Y esperamos poder ir pintándola de más pajaritos en la medida en que vayamos viajando más.

Publicado por carocaracolina

Carocaracolina es una caracola que escritora, viajera y podcastera. Y todo esto pasa en Lapensadera.

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