Etapa dos

“Nada mas pido: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies”.

San Sebastián – Zumaia: 30 kms

Amanecer de San Sebastian
El día comenzó muy a las 6 de la mañana. No dormí muy bien (hubo concierto de ronquidos en el cuarto, uffff), organicé todo y salí a caminar a las 6:45am. Como ya les conté, aquí amanece más tarde, así que salí de noche. 
Delante mío iba Carlos, el medio colombiano, y en el albergue se quedaron Arnau y Dani.

Caminé todo el tiempo sola, muy contenta, más concentrada, ensimismada y perpleja con los hermosos paisajes. 

Saliendo de San Sebastián, en una cuesta, había una mesita con botellas de agua para los peregrinos… qué bonito! Estas ciudades cuidan y respetan mucho a los caminantes.


Después el mar fue mi compañía. Y así nada me podía faltar.

Pensé tantas cosas… pensé en la fortuna de poder caminar sola, sin miedo, a esa hora, en esos lugares. ¡Cómo lo disfrutarías Cata! Es una delicia entender y gozar de esa libertad que no todo el mundo entiende que tenemos un poco perdida. No tener miedo de que salga alguien a robarte o a quién sabe que más cosas, que a nadie le importa si viajas sola, las motivaciones de estar aquí son solo mías.

En un momento dejé el camino asfaltado y comenzó la trocha, ¡buenísima! Subidas, bajadas y mucho, mucho barro por las lluvias de ayer. El mar siempre al costado derecho acompañándome, guiándome. De pronto salí a un descampado y apareció… El arco iris metido en el  mar!!! ¡Qué momento tan especial!


Fue muy lindo. Di gracias a Dios y a la vida por ese momento de valor espiritual… cada color y cada luz me llegó al corazón y me llenó de más felicidad. ¡Cómo gocé este camino! Encontré áboles de  manzana y comí y luego moritas!!! Deli.

Casi llegando a Orio me encontré con Carlos y Stefano, un italiano; caminamos un kilómetro juntos pero yo me separé a desayunar – y porque quería caminar sola -. Vino un tramo de carretera bordeando el mar, y el golpeteo de las olas fue mi compañero. Fuerte, recio, como estas tierras. El rumor me cantaba todo el tiempo canciones de viejos marinos.

Llegué a Zaraus, una ciudad muy linda, la pasé de largo, vi la playa y muchos sorfistas. Hasta allí era la etapa de hoy -según la guía que tengo-, 20 kms, pero apenas era medio día, así que decidí caminar un poco más, por lo menos hasta Getaria. 

La verdad ya iba cansada, pero el primer albergue de Getaria abría hasta las 3pm y eran la 1pm, así que seguí al otro hostal, como a 2 kms. Al llegar estaba cerrado… qué rabia, ni modo de volver, así que hágale mija pa’ Zumaia que estaba como a 5 kilómetros más.

Aunque estuvo duro este último tramo, cómo me lo gocé… en un momento entre el mar y las montañas sentí tanta emoción que me puse a llorar, llanto de felicidad, de júbilo, de agradecimiento por estar aquí. Me conmovió muchísimo el ser conciente de “estar” aquí y pensé: es el regalo más lindo que me he podido dar a mí misma. No vale nada material… ni tenis, ni reloj, nada. Esta vista es el mejor regalo de todos los tiempos… ¡y sólo llevo dos días! Qué bendecida me siento, es felicidad total.

Ese lugar fue sobrecogedor, fue como estar en un templo, me superó la emoción en todos los sentidos y lloré como niña chiquita, entre feliz y asustada de vivir esto tan hermoso para mí, para mí sola.

Y ya se veía Zumaia… y del mar se veía venir la lluvia con un montón de viento. Qué felicidad… felicidad infinita.

Llegué al albergue de Zumaia, un viejo convento. Me encontré con Carlos y Stefano que ya habían llegado y al rato apareció Dani. Arnau se quedó en Getaria.

Entonces comenzamos el ritual: ducharse, lavar la ropa, salir a comer y comprar algo para la cena. Y descansar el resto de la tarde, y reírnos y contar los kilómetros y repasar las etapas, bla bla bla.

Escribo en mi cuarto de convento, dos camas (hoy solo comparto cuarto con Carlos, esperemos que no ronque). Estoy molida, tengo un dolor en el tibial izquierdo… ayayai! Espero se me pase esta noche; ya me puse Trividol, porque la etapa de mañana es montaña en serio.


Datos interesantes

– Un croissant y un café con leche: 3 euros (Unos $10.500)

– El albergue donde nos estamos quedando es del año 1.500 y el aporte es voluntario: se suelen dejar 5 euros.

– Comí un plato combiado, que es filete de ternera, papas a la francesa y pimentones asado: 6,50 euros

Anuncios

6 Comments

Add yours →

  1. Con tu crónica todos viajamos un poquito. Que descanses.

  2. Caro encantador viaje, relato.
    te escribi para preguntarte por una chica artista de la que publicaste hace unos años unos regalos para navidad, me puedes regalar el correo gracias

  3. Diego Echeverri Garrido 16 septiembre, 2017 — 5:07 PM

    Querida hermana, qué emocionante leer los sucesos que nos compartes cada día de CAMINO. Las fotos son buenísimas: el amanecer en San Sebastián, el arco iris refrescándose en el mar, (sin desteñirse); los burros juveniles y adultos. Y las curiosidades que nos comentas al final, son interesantes.

    Dios te protege: espíritu, alma y cuerpo.

  4. Caro,
    Cómo te admiro. Por tener la generosidad contigo de darte ese regalo, por tener el coraje. Por ser así, esa alma libre.
    Ojalá tu tibial se mejore pronto.
    Aquí se está bien también, hoy hay un concierto de champeta y tú sabes cómo me gusta: iré a bailar hasta más no poder.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: