Etapa cuatro

El lenguaje de tu corazón determinará la manera en la que el Camino te hablará.

Markina – Gernika: 25 kilómetros

Esta etapa me la he tomado con más calma; primero, porque ya llevo mis ampollas y segundo, porque meterle más kilómetros era superar los 40K, y la verdad no es necesario. Sí que estoy feliz de hacer estas primeras etapas a lo travesía, pero soy conciente de la necesidad de cuidar mi cuerpo que, a este punto, es mi único transporte. Así que, tranquilo mundo que vamos regulando 🙂

Salí con Dani a las 6:30am, era mi última etapa con él (porque hoy hacía más kilómetros), así que “me hacía ilusión” caminarla juntos. Salimos de noche y poco a poco fue amaneciendo con un paisaje y una luz muy bellas… el amanecer se dejaba ver naranja muy lejos. No estábamos en altura como para ver salir el sol, pero el cielo nos regaló unas nubes como copos de algodón y esa luz azul que poco a poco fue aclarando para regalarnos la entrada a unos bosques maravillosos.

Aunque ayer dejamos el agua del mar, hoy nos acompañaron los ríos; ríos por todos lados, pequeños riachuelos, quebradas con pozos más grandes o caídas de agua (no cascadas, pero caídas bonitas). Eso estuvo lindo porque el agua va con nosotros: como mar, lluvia o río.

El camino fue quebrado, hubo subidas y  bajadas todo el tiempo, nada tan salvaje como ayer, pero digamos que sí exigente. Fue “lo máximo” 😉

Pasamos un pueblo que se llama Bolibar (en Euskera es con b las dos). Pasamos muy temprano y fue lindo porque el panadero deja en las puertas de las casas el pan en una bolsa de tela, genial!

Seguimos caminando y llegamos a un Monasterio bellísimo, románico; se llama Zenarruza y queda en Ziorza. Estaba arriba de una montaña entonces las vistas fueron preciosas, y el lugar te hacía sentir de otra manera. Dani en eso es igual de sensible que yo, así que entramos al patio central que estaba abierto. Nos quedamos absortos viendo semejante construcción, y de adentro se oía una música: piano y canto… abrimos una puerta que daba a la iglesia y había como unos sacerdotes (o monjes) cantando. Fue un momento mágico, pero no quisimos molestar y cerramos.

El camino en general fue muy bello, con sol todo el tiempo -primer día que no nos llueve, ufff-. Comimos en el camino manzanas, moritas y nueces. Qué bello encontrar comida ahí, para nosotros. El Camino provee comida para el cuerpo y para el alma, sin duda alguna.

Pasamos montañas, ríos, sembrados… perros, gatos, gallinas, vacas… íbamos hablando de todo, yo le conté mucho de Colombia, él me contó mucho de su isla (Gran Canaria), de su trabajo, el deporte, ¡estuvo muy conversador! Tal vez porque ya sabía-mos que era nuestro último día juntos.

Llegamos a Gernika, nos tomamos un té y nos despedimos. Buen camino Dani, que nos veamos más adelante, en éste o en el inmenso camino que es la vida. Y que esa misma vida te llene el corazón y el alma como lo está haciendo el Camino.

Al llegar al hostal me encontré con Carlos y Stefano. Vino la rutina: baño, lavado de ropa y buscar comida. Luego escribir aquí, en el diario, cenar algo y a dormir. Veremos cómo viene mañana la jornada. Qué felicidad no planear sino el día a día.

Datos interesantes

– El albergue en Gernika es como el de San Sebastián, o sea más como un hostal. Cuartos con 6 camarotes, duchas y cocina comunal. Está muy bien. Cuesta 18 euros (vuelve a subir el presupuesto).

– El almuerzo estuvo delicioso: rissoto de champiñones y espárragos, copa de vino y café. 14.50 euros. Cuando se ha de comer rico, ¡se come rico! 

– Stefano tiene una herida en el pie fea, fea, muy fea. Tuvo que venir al hospital en Gernika, esperemos que le curen, pero tal vez no deba caminar así sea por un día.

– Arnau, el amigo catalán, va una etapa atrás, pero nos hablamos todos los días. Gente maravillosa es lo que te regala el Camino. Lo mats!

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3 Comments

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  1. Cada tramo , tan interesante como el anterior. Endavant!!!!.

  2. a. Qué bella la imagen de los monjes.

    b. Qué maravilla el agua que fluye y te acompaña.

    c. ¿Por qué Stefano se hirió?

  3. Amiga. Que rico seguir tus pasos caminante. Siempre narrando con la sangre del poeta saliendo a través de tus manos

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