Protesto

Hoy, mucho más que otros años, me siento con la obligación de decir lo que tengo dentro, lo que me sale de los ovarios, porque estoy harta de callar y de tener que tragarme lo que pienso por no polemizar, o porque no me digan feminista, mamerta, puta, lo que sea.

Me encanta leer lo que va a pasar en España con la huelga de mañana 8 de marzo. Qué chimba que las viejas hagan paro y manden a la mierda a todos aquellos y aquellas que aún creen que el feminismo es un invento cultural.

Yo no iré a la huelga, pero sí PROTESTO con toda mi alma, mis tetas y mis ovarios -y cito el gran artículo de Lorena G. Maldonado– porque, aunque haya tenido muchas más opciones y oportunidades que otras mujeres, he vivido -y vivo- en carne propia la discriminación, el abuso y la falta de igualdad de género que viene desde mi familia paterna y materna, pasó por mi ex matrimonio, tocó a mi hijo y flota en mi nueva relación.

PROTESTO por todas las veces que de pequeña en mi casa no me dejaron hacer algo porque era “cosa de niños”: trepar árboles, montar a caballo a pelo, enlazar vacas,  bañarme desnuda o en calzones, tener bicicleta, acampar, salir de noche con un amigo -sin mi hermano varón-, aprender a manejar carro.

PROTESTO por todas las veces en que me tocó parar a algún rollo, enamorado o novio porque solo nos dábamos besos y él ya creía que sería sexo de penetración. No amigos… el sexo no es solo penetración (pero eso daría para otro gran artículo que no voy a desgastarme escribiendo ahora) y los besos no quieren decir que “tenga” que haber ese tipo de sexo.

PROTESTO “por la primera vez que me llamaron “puta” siendo aún “virgen”, pero me lo han repetido varias veces a lo largo de mi vida: por tener sexo, o por decidir no tenerlo“.

PROTESTO por todos y cada uno de los comentarios condescendientes, babosos, groseros, violentos o crueles que he recibido por ser mujer mientras estudié, mientras trabajaba, o viajando, haciendo deporte, de fiesta, en el cine, de compras, caminando, en mi propia casa…

PROTESTO por todas las veces que recibí comentarios de doble sentido de amigos, familiares y colegas… gente cercana… y solo me reí. Protesto contra mí misma por haber dejado que pasara.

Y podría quedarme protestando hoy y mañana, y el año entero, porque seguro todos los días habrá un acto pasivo-represivo-agresivo en contra de una mujer. Pero bah… ya saqué lo que tenía que sacar. Ya lo dije, no sé si triste, decepcionada o enojada, o las tres.

Solo quiero reivindicar mi cuerpo, mi pensamiento, mi espacio y enseñarle a mi hijo lo valiosa e igualitaria que es la condición femenina y masculina. Y ya.

 

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